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La Mujer de Vestido Blanco

Corría la década de los sesenta, y la ciudad de Valladolid aún no contaba con luz eléctrica. Una noche, entre la 1:00 y 2:00 am, mi tío Pablo salió de la casa de un amigo después de haber tomado unas copas. En aquellos tiempos, era común beber con amigos hasta tarde. Al ver la hora, decidió regresar a su casa por la calle 37. Para su mala suerte, en ese entonces no había alumbrado ni la calle estaba abierta como hoy en día. Era una vereda oscura, silenciosa y aterradora, rodeada de monte.

Caminaba cantando, como solía hacerlo cuando bebía, pero la oscuridad y la luz de la luna apenas le permitían ver su camino. Al subir por una cuesta, vio a lo lejos a una mujer que lo atraía con un sutil movimiento de manos. Hipnotizado por su belleza, comenzó a seguirla, a pesar de su estado de embriaguez. Mientras se adentraba en el monte, lleno de espinos y maleza, se preguntaba quién era esa mujer.

Cuando estuvo a escasos centímetros de ella, el miedo lo invadió y, aunque la borrachera se le bajó, parecía demasiado tarde. La mujer lo sujetó y, al intentar escapar, sus piernas no respondieron. Cayó al suelo y empezó a ser arrastrado hacia la maleza. En un instante de lucidez, reconoció a la mujer como la "Xtabay" de las leyendas. Desesperado, soltó un alarido: "¡Me llevan, me llevan!"

Mi abuelo, que vivía a pocos metros, escuchó el grito y, reconociendo la voz de su hijo, corrió a ayudarlo. Con una lámpara en mano, iluminó a la extraña mujer, pero no pudo distinguir su rostro. Al ser descubierta, la mujer soltó a mi tío y se adentró en la oscuridad.

Después de que mi abuelo lo regañara, mi tío entró a la casa pensando en lo que había sucedido. Si no hubiera sido por mi abuelo, la mujer se lo habría llevado, ya que la calle estaba prácticamente oscura y solitaria. Ahora, solo queda como una aterradora experiencia.

 

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